Adiós a Bob Kohlenberg, creador de la Psicoterapia Analítica Funcional

Nos ha dejado uno de los psicólogos que más han contribuido a que los hallazgos científicos en el ámbito del análisis funcional de la conducta transformen la relación terapéutica en un espacio de cambio y crecimiento personal.

Con frecuencia me llama la atención cómo algunos de mis clientes, durante las sesiones de terapia, tratan de frenar o bloquear emociones como la ansiedad o la tristeza, se recrean en determinados temas mientras evitan hablar de otros, o se empeñan en que les ayude a encontrar una explicación racional a su problema. A veces se muestran ambiguos y les cuesta ser concretos cuando les hago determinadas preguntas. En ocasiones no son capaces de expresar conmigo sus necesidades y deseos, y esperan que sea yo quien decida por ellos. Otras veces observo cómo les cuesta mantenerse centrados en sesión y tienden a perder el foco continuamente, de manera que nos cuesta bastante aprovechar el tiempo de la sesión como consecuencia de tan frecuentes quejas y disgresiones.

La forma en la que abordo estas dificultades le debe mucho al trabajo de Robert J. Kohlenberg, quien tristemente nos ha dejado hace unos días. Junto a Mavis Tsai, desarrolló la “Psicoterapia Analítica Funcional” (FAP) a finales de los años 80, centrada en el abordaje de las llamadas “conductas clínicamente relevantes” (CCRs), las manifestaciones del problema del cliente en sesión. FAP ha tenido un enorme impacto desde su creación y es hoy considerada una de las terapias de tercera generación más relevantes. Desde FAP, Kohlenberg y Tsai nos hicieron más conscientes de cómo la relación terapéutica es un contexto singular que antes o después puede hacer aflorar el problema del cliente, y nos aportaron claves enormemente útiles para manejar estas manifestaciones desde la perspectiva del análisis funcional de la conducta y ponerlas al servicio del trabajo clínico. Estas claves se fundamentan en principios del aprendizaje como el reforzamiento y la generalización, y por tanto están fundamentadas empíricamente, y nos mueven a observar y evocar CCRs, a reforzar las mejoras en sesión de forma natural, a observar el impacto del terapeuta en la conducta del cliente y a promover la generalización de los cambios de conducta en sesión a otros contextos.

En septiembre de 2019, cuando no podíamos ni imaginar la pandemia que pronto se nos vendría encima, tuve la inmensa fortuna de visitar el Center for Science of Social Connection en la Universidad de Washington en Seattle, EE.UU., y conocer personalmente a Bob Kohlenberg, Mavis Tsai y Jonathan Kanter. Allí habían desarrollado el “modelo ACL”, una extensión de FAP para ayudar a los pacientes a superar dificultades en las relaciones interpersonales y entrenarles para que puedan establecer relaciones auténticas y significativas. No en vano, las palabras conciencia, coraje, amor y conductismo aparecen juntas en el título de una de sus publicaciones. Aunque había leído sus textos y les había escuchado en conferencias y workshops, la oportunidad de ver su trabajo más de cerca me permitió apreciar con más profundidad su manera de conjugar el análisis funcional de la conducta con el establecimiento de relaciones terapéuticas intensas a través de las que ahondar de una manera única, humana, consciente y movilizadora en las dificultades y sentimientos del cliente.

Mi visita fue una experiencia transformadora para mí. No olvidaré la cálida acogida que recibí y la huella que dejó en mí. Sigo viendo su impacto cada día en la manera de acercarme al dolor de mis pacientes y a las emociones de los terapeutas a los que formamos. Los pacientes y los terapeutas hacen lo que saben hacer, lo que les permite su repertorio. Cuando nos enfrentamos a la tarea de hacer terapia y formar a los terapeutas, lo que ocurre en la interacción personal es muy relevante, hasta el punto de que dicha interacción puede convertirse en el vehículo para el cambio. Gracias a personas como Bob Kohlenberg hoy sabemos mucho más acerca de cómo convertir las relaciones interpersonales en general (y la relación terapéutica en particular) en un espacio único para aprender, conocernos, aceptarnos, perdonarnos, crecer y superarnos si creamos las condiciones para ello. Gracias infinitas Bob por tu legado.