Contemplar el vacío

En un retiro de mindfulness al que he asistido recientemente he conocido de la mano del profesor Christopher Willard  el concepto de “espacio negativo” que en la cultura japonesa se denomina “Ma”. El término se refiere al espacio vacío entre objetos, el silencio entre los sonidos o las notas musicales, o los huecos o intervalos en nuestra percepción. Los artistas japoneses y también de otras culturas han explorado y valorado mucho este espacio vacío. En Japón, podemos apreciar el interés por el “Ma” en la pintura, la poesía, el arte de decorar las habitaciones (“tokonoma”), de presentar las flores (“ikebana”), o en la distancia entre contrincantes en el kárate. Según la artista Donna Canning  “Ma es el tiempo y el espacio fundamentales que la vida necesita para crecer”, de manera que las pausas y los espacios vacíos en nuestra vida se entienden como necesarios para progresar, para sentir la cualidad de la experiencia y acceder a la creatividad, la libertad, o la conciencia de lo que necesitamos mejorar.

Este Ma como “intervalo que da forma al todo” (Alan Fletcher) no tiene equivalente en inglés o en español. De hecho, en Occidente asistimos a una época en la que tendemos a completar todo el tiempo con actividad ininterrumpida y con reuniones, tanto el trabajo como el ocio, a llenar todo el tiempo de imágenes, palabras, mensajes, música, sonidos (con frecuencia en paralelo, atendiendo a varias actividades, conversaciones o imágenes simultáneamente, estimulando varias modalidades sensoriales), y cada vez nos cuesta más reservar espacio y tiempo para el silencio. Incluso hemos llegado a tener una consideración negativa del silencio como aburrimiento o inseguridad y de la pausa como holgazanería.

 

Últimamente me está resultando muy interesante empezar a ser más consciente de la posibilidad de explorar este espacio vacío que existe en nuestras vidas.

Durante mucho tiempo, al meditar, he estado buscando un ancla, las sensaciones al respirar, el latido del corazón, los sonidos, el movimiento de las hojas de los árboles… He tendido a centrarme en el contenido de las experiencias que nos llegan a través de los sentidos, contemplándolas, o bien observando los diferentes tipos de pensamientos que visitaban mi conciencia… Sin embargo, últimamente me está resultando muy interesante empezar a ser más consciente de la posibilidad de explorar este espacio vacío que existe en nuestras vidas, resistiéndome a la tendencia a llenarlo de trabajo, música, películas, conversaciones de Whatsapp, etc. El silencio y el vacío estaban ahí para ser conocidos a pesar de que llevaba mucho tiempo ignorándolos. La velocidad de nuestra forma de vida eclipsa esos espacios de conciencia y crecimiento. Sólo cuando nos ocurre algo serio (una pérdida, una enfermedad grave…) nos encontramos con el vacío sin previo aviso y sin preparación. Pero los huecos están a nuestro alrededor todo el tiempo. En un claro entre los árboles. En el espacio entre las hojas. En una grieta. En una arruga. En el intervalo entre la inhalación y la exhalación. En el hueco entre un paso y el próximo (si somos capaces de caminar más despacio). En la transición entre una actividad cotidiana y la siguiente. En el anhelo de aquello que hemos perdido o que nos falta, en lo más hondo de la frustración, en lo que sentimos que necesitamos para estar completos, en la distancia que nos separa de nuestros seres queridos.